EL DÍA DE NUESTRA BODA

Me encuentro de vuelta al mundo real, hoy se fueron mis papás, mi suegra y mi cuñada. Voy de regreso al trabajo, a grabar nota, y a la cotidianidad.

Todavía no me creo esta semana increíblemente espectacular, en donde tuvimos tanto mi esposo y yo, las visitas que más podríamos querer, nuestras familias.

Hoy les quiero compartir ese proceso, de cómo pase de ser “señorita” a ser “señora”. Si me preguntan si siento algún cambio, les contestaría que no mucho. El compromiso, el respeto, la decisión, ya la teníamos los dos. Solo con nuestras miradas sabemos que es lo que queremos, y eso es llegar hasta viejitos, juntos.

El papel es eso, solo un papel que te dice que ahora si son esposos por la ley, pero si se siente diferente decirle “es mi novio” a “es mi esposo”. Se me pone la piel chinita de sólo pensarlo.

Me han preguntado muchas veces como fue, como decidimos casarnos así de rápido. Si yo les contara todo lo que ya habíamos platicado antes… el punto es que nuestros papás venían a conocerse, los invitamos en Semana Santa porque es cuando tenían tiempo para quedarse algunos días. El plan ya estaba hecho, ellos llegaban el lunes 26 para aprovechar y turistear en familia.

Unas dos semanas antes, mi esposo me pregunta si no sería buena idea casarnos aprovechando que venían los papás, a lo que se me hizo la mejor idea que podía tener, pensando en todos los planes que tenemos por delante.

Así, en unas semanas, en las que yo estuve viajando de trabajo, organizamos un civil.

Pensando en que nuestros amigos seguramente tendrían ya apartado el fin de Semana Santa para irse a algún lado, decidimos hacerla el miércoles 28, sin saber (hasta que me dijo mi mamá) que seguramente esa semana no trabajaban en el civil. Nos comunicamos, y efectivamente, los jueves se iban de vacaciones. Decidimos adelantarla a un fin antes y fue coincidencia que mi esposo cumpliera años. Doble festejo, no podíamos estar más felices. Ahora si no se nos olvidaría jamás nuestro aniversario.

Avisamos a los papás, ahora también a los hermanos y a organizar todo. La verdad tengo al mejor esposo, pues en esos días de viaje de trabajo, el me ayudo a coordinar todo, así como a las mejores amigas, que me hicieron los mejores regalos de bodas, Alessa mis centros de mesa con unas flores hermosas, Tatiana parte del alcohol que se sirvió durante el día, Marcela mi versito hermoso, que en solo dos pruebas estuvo listo, German toda la organización de la terraza y comida.

No pudo estar más perfecto todo. Aunque me faltaron algunas personas que por la premura, no pudieron venir, como mi abuela, Sonia, mis cuñadas, tíos, etc…

Los medios, como siempre, exageran en todo. Realmente la boda fue de 40 personas, entre nuestra familia y allegados de los dos. Esas personas con las que convivimos diario, con las que tenemos contacto más frecuente, aunque confieso que para lo amiguera que soy, me faltaron bastantes.

Y así, se dio uno de los días más importantes de mi vida. Empezando con nuestras firmas, después las de nuestra familia, y siguiendo con la de mis compadres y casi hermana, Claudia. De ahí un brindis y empezó la canción de “Me quiero casar contigo” de Carlos Baute, y sin pensarlo, mi esposo y yo empezamos a bailar, abrazados y recordándonos lo mucho que nos amamos. Después paso mi papá, y su mamá con él.

No había nada más que pudiera pedir. Estaban quienes tenían que estar, nuestros amigos, celebrando nuestra felicidad y el cumpleaños 31 de Juan Diego.

Y así se fue el día y la noche, entre música, brindis, platicas, felicitaciones, cumpleaños, familia, compadres y amigos. Doblemente casados, primero por un ritual nahuatl, después por un civil, y mucho más por venir.

Les agradezco a cada una de las personas que estuvo físicamente ahí, de lejos, y a todos los que con mucho amor nos felicitaron.

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